Justo un día antes de la inauguración del hotel de la familia, escuché por casualidad a mi esposo y a mi suegro planeando transferir todas mis acciones a nombre de un pariente para después sacarme de la empresa con el pretexto de que “ya no tenía ningún derecho ni participación ahí”. Aun así, llegué a la ceremonia como si no supiera nada. Me mantuve tranquila e incluso firmé personalmente el expediente que ellos habían preparado. Pero justo cuando el presidente del banco levantó su copa para brindar, una abogada entró al salón y puso frente a todos un testamento que jamás había sido revelado… Bastó con que mi suegro leyera una sola línea de la primera página para que se le resbalara la copa de la mano.